Monday, April 29, 2013

TRES CARACTERÍSTICAS DE UN HOMBRE QUE TRASCIENDE - Por Raúl Zaldívar

TRES CARACTERÍSTICAS DE UN HOMBRE QUE TRASCIENDE 
Por Raúl Zaldívar



Cada ser humano que nace, nace con un propósito. En la economía de Dios no existen parias que pasan por esta vida sin pasar. Cada vez que leemos la historia de un hombre de Dios leemos acerca de su llamamiento y esto no es un accidente, es algo premeditado y decidido por Dios; y para usar la terminología bíblica, es un acto efectuado antes de la fundación del mundo.

En consecuencia, hemos nacido para trascender en esta vida, hemos nacido para hacer cosas extraordinariamente grandes y significativas para nosotros mismos, para nuestras familias y para la sociedad en general. De manera que no hay un error en el hagiógrafo cuando escribe “Vale más el día en que uno muere que el día en que uno nace”. Cuando uno nace, hay dos o tres parroquianos, cuando uno muere puede haber miles de seres humanos, no lamentándose por la muerte, sino celebrando la vida de alguien que nos ha dejado un legado.

Hemos nacido para trascender, no para vivir en el anonimato o para ser parte de la estadística de un polvoriento anaquel de un censo del lugar donde hemos nacido. Hemos nacido para trascender y en ese sentido quiero referirme a tres características de un hombre o de una mujer que trasciende.

En primer lugar es necesario tener una bella presencia. Aunque en el capítulo 39 de Génesis donde se dice de José que tenía una bella presencia se refiere a una cualidad física, nosotros vamos a dimensionar esta característica de una forma espiritual. Bella presencia es aquel carisma que tiene una persona que atrae a otras personas, todos quieren escucharle y su sola presencia llena y colma de emoción y de expectativa a quienes le rodean. La Bella presencia no es algo que se adquiere en una universidad o lo da la posición social, es un don que viene directamente de Dios, es algo que Dios da a aquellas personas que trascienden en esta vida. José era uno de ellos, donde quiera que iba se ganaba el favor de la gente, todos lo respetaban y reconocían su diferencia.

En segundo lugar, es necesario ser una persona educada. La Biblia nos menciona el caso cuando el rey Nabucodonosor llama a Aspenaz y le ordena que reclute entre los judíos a jóvenes bien parecidos, sabios, aptos para aprender y dignos de estar en el palacio del rey. En ese arduo trabajo, Aspenaz se encontró con Daniel y otros 3 muchachos. Nabucodonosor sabía que si iba a gobernar en un reino, necesitaba gente supremamente educada y capacitada para poder hacer cosas extraordinarias. Después de tres años de entrenamiento, los jóvenes hebreos fueron traídos delante de Nabucodonosor para ser examinados, y la Biblia dice que en todo fueron hallados mejores 10 veces más. Daniel fue un hombre que trascendió durante varios reinados y la razón fue muy sencilla, era un hombre supremamente educado, 10 veces mejor que los demás.

Finalmente, si vamos a ser hombres o mujeres que vamos a trascender en esta vida es necesario tener un espíritu superior. La Biblia señala en el libro de Daniel, que durante una orgía imperial una mano comenzó a escribir en una pared del palacio un juicio de Dios. El inusitado acontecimiento hizo palidecer a los centenares de personas que habían hecho acto de presencia en aquel bacanal. Ante la incapacidad de los agoreros y astrólogos en descifrar aquel enigma, una persona se para y le dice al rey: “Pero hay en tu reino una persona que tiene un espíritu superior que te puede decir el significado”. Y acto seguido vino Daniel y descifró el enigma. Si vamos a trascender en esta vida debemos tener un espíritu superior. Un hombre o una mujer con un espíritu superior es una persona que no tiene espacio en su corazón para el odio, para el resentimiento o para la venganza, simple y sencillamente porque tiene un espíritu superior. Solamente los hombres y las mujeres con un espíritu superior son las que pueden trascender. Personas que perdonan, personas que aman a Dios por todas las cosas, personas que aman al prójimo como a sí mismos.

En resumen, no perdamos la extraordinaria vida que Dios nos ha dado. Somos individuos con un extraordinario valor, hemos nacido para trascender, para hacer cosas grandes y extraordinarias, para cumplir con una misión en la vida. Que el día que pasemos el umbral de esta dimensión, la sociedad se reúna no a llorar sino a celebrar la vida de una persona que nació para trascender y hacer la diferencia. América Latina urge de personas que tenga este entendimiento, de lo contrario, las estirpes de esta latitud del mundo seguirán condenadas a cien años de soledad.



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