Tuesday, April 17, 2012

¿Jesucristo? ¿O Jesús, el Ungido?

Estaba considerando un artículo que acabo de leer mientras estaba en el Internet en referencia a una nueva versión de la Biblia llamada La Voz, en la cual cambian el nombre de Jesucristo por el de Jesús, el Ungido. Nosotros, los cristianos que estamos acostumbrados a usar el nombre Jesucristo, quizá olvidamos lo que significa Jesucristo: Jesús significa Salvador, y Cristo es un título exclusivo de Jesús que significa "Ungido". Asimismo, entendemos que Jesús es el Hijo de Dios, por tanto podemos interpretar el nombre Jesucristo como Jesús, el Hijo de Dios, el Ungido.

La polémica viene en el sentido de que esta traducción usa “Jesús, el Ungido” en lugar de Jesucristo, lo cual despierta sospecha en algunas personas que piensan que “Jesucristo” es el nombre que debe usarse y no debe ser cambiado. Por mi parte pienso que en este caso no se trata de una omisión, sino más bien de una transliteración del significado del nombre, una traducción literal, lo cual no considero como una ofensa mayor, si se le puede llamar ofensa.

Siendo que esta traducción pudo haber sido hecha con el fin específico de facilitar su entendimiento a personas con una capacidad limitada de comprensión, o por no estar muy familiarizados con los nombres y títulos dados al Señor, no veo ningún problema en ello. Sin embargo mi apreciación personal es que quizá sería muy extremista de parte de algunos el señalar esta traducción como el producto de personas con malas intenciones. Mi opinión en este sentido es que las traducciones muchas veces obedecen a la intención de algunas personas, en este caso de una casa publicitaria, de hacer más comprensible el texto bíblico. Pero me preocupa que algunas traducciones puedan estar más bien suplantando la obra de interpretación y revelación que corresponde únicamente al Espíritu Santo por medio del esfuerzo de su propio intelecto, o como es el caso de la Traducción del Nuevo Mundo de los Testigos de Jehová, hacer una traducción que apoye una interpretación teológica particular.

A manera de ejemplo, quisiera decir que he conocido creyentes de varios países de Latinoamérica, tanto dentro de los Estados Unidos, como también en sus países de origen, quienes aún con su poca preparación intelectual o nivel de enseñanza, son capaces de leer la palabra, de comprenderla e interpretarla de una manera correcta, y de aplicarla a sus vidas en una manera efectiva, y yo pienso que esto es una prueba suficiente de que el Espíritu Santo es suficiente para guiar a los creyentes a llegar “a toda la verdad”, como dijo el mismo Jesús en Juan 16:13, y si leemos el contexto de este pasaje, nos daremos cuenta que la interpretación de las Escrituras es jurisdicción exclusiva del Espíritu Santo. Las traducciones bíblicas, cuando van al extremo de querer “hacer calzar” una postura teológica en particular, no honran la intención original de Dios al darnos su Palabra. Incursionar en este territorio trae como consecuencia la pérdida de la vitalidad de la palabra de Dios, la cual fue inspirada por el Espíritu Santo mismo. Hacerlo de otra manera es plagiar las Escrituras para otros fines ulteriores.

Lo que necesitamos hoy día en un testimonio vivo de la presencia de Dios en nuestras vidas. Los creyentes que viven el Evangelio, como aquellos a los cuales hago referencia en este ensayo, son ese ejemplo vivo que necesitamos. Estos son hermanos que no han tenido otra versión de las Escrituras mas que la Reina-Valera en la mayoría de los casos. Yo creo que esta es la mejor interpretación de la Biblia que podemos encontrar, personas que conocen al Señor Jesucristo, que han creído en él con todo su corazón y le sirven con todas sus fuerzas y con toda su vida. Son los que esperan con paciencia el día de la manifestación gloriosa del Señor Jesucristo, cuando venga en las nubes, y su galardón con él, con el que premiará a su Iglesia, en este caso cada miembro en particular, por el trabajo que haya hecho por la causa de Cristo y de su reino.

Aunque no considero una gran ofensa el cambiar el nombre de Jesucristo por el de “Jesús, el Ungido”, me preocupa el hecho de que se polemice mucho al respecto. Los que hemos recibido la enseñanza por medio de la Palabra y entendemos lo que significa “Jesucristo” (pues todos los que creemos sabemos que Jesús significa Salvador y que Cristo significa ungido), nos debemos preguntar qué valor tendría traducir Jesucristo como “Jesús, el Ungido” si la persona que supuestamente va entenderlo mejor no sabe lo que significa “Ungido”.

Debemos asimismo reconocer que somos seres humanos y podemos equivocarnos, especialmente si no estamos en sintonía con el Espíritu Santo. Con esto en mente, podemos imaginarnos que fácilmente podemos hacer que aquellos a quienes queremos enseñarles la verdad de la Palabra prescindan del Espíritu Santo al ofrecerles traducciones de la Palabra ya “masticadas”, negándoles la experiencia que nosotros mismos ya hemos tenido y disfrutado, mediante la cual el Espíritu Santo nos reveló la Palabra, llevándonos al conocimiento de toda la verdad.

Por esta razón pienso que muchas de las traducciones que hoy se manejan buscan ayudar al intelecto humano a comprender algo que es más bien espiritual. En este sentido debemos reconocer que es posible que la iglesia no esté ofreciendo el servicio que debe dar a la humanidad. La iglesia debe dejar algunas cosas para que el Espíritu Santo mismo la revele, y eso requiere que conservemos la Palabra en su estado original y permitir que el Espíritu Santo de la interpretación correcta para que prosigamos adelante en el conocimiento de la Palabra y en el conocimiento del Señor Jesucristo y de esa forma poder tener no solamente la ventaja sino el privilegio de ser enseñados por el Espíritu Santo de la promesa.

Creo firmemente que el Señor logró su propósito por medio de aquellos que escribieron la Palabra, especialmente el Nuevo Testamento. Creo que es confiable y que la podemos utilizar como la guía de vida que necesitamos, sin importar la cultura a que pertenezcamos. La obediencia a la Palabra de Dios nos lleva a vivir como Cristo vivió, lo cual se convierte en la mejor traducción de la Escritura que el mundo pueda conocer. Imitemos a Jesús, el Ungido, y la manera en que él vivió. Vivamos una vida sacrificada que demuestre que el Evangelio es una verdad manifiesta en nuestra vida, una verdad que afirma que es Dios el que vive en nosotros, como dijeron los Apóstoles: “Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres; siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón.” (2 Corintios 3:2-3). 

Monday, April 25, 2011

Semana Santa 2011


Iglesia La Gran Cosecha: Semana Santa 2011


Hoy es lunes, 25 de abril del 2011, y ayer concluyó una semana como no habíamos tenido en muchos meses. Durante esta última semana, todos en nuestra congregación, estuvimos ocupados celebrando “Semana Santa”, cosa que no muy frecuentemente hemos hecho porque por lo general, siempre hemos puesto el énfasis en el “Domingo de Resurrección”, cuando celebramos la victoria de nuestro Señor Jesucristo sobre la muerte y el pecado. Pero en esta ocasión, sentí en mi corazón volcar toda mi atención sobre los hechos que comenzaron ya hace casi dos mil años atrás cuando Jesús entró triunfalmente en Jerusalén para vivir su última semana de vida que culminaría en su crucifixión y muerte.

El Domingo 17, comenzamos nuestra Semana Santa con el Domingo de Palmas, el cual iniciamos con el bautismo de seis hermanos, entre ellos, una familia de cuatro miembros. Seguido del servicio de bautismos, realizamos nuestro servicio de Domingo de Palmas con un mensaje alusivo a esa entrada de Jesús a Jerusalén, que muchos llamamos "triunfal”. Lo cierto es que Jesús no entró a Jerusalén para cumplir las expectativas del pueblo que le proclamaba rey de Israel, sino para cumplir la voluntad de Dios Padre: Sufrir y morir por los pecados de toda la humanidad.

El Lunes 18, muchas de nuestras familias llevaron a cabo el Altar Familiar, un tiempo devocional realizado en casa en el cual el padre de familia comparte la Palabra de Dios, ora con los miembros de su familia, y comparte un tiempo de calidad con ellos.

El Martes 19, compartimos en el templo una enseñanza sobre la manera en que Jesús celebró la Pascua con sus discípulos, y sobre el significado profundo que Jesús dio al pan y al vino cuando instituyó la Cena del Señor, la cual celebra la iglesia en memoria de Él.

El Miércoles 20, se llevó a cabo un servicio en el cual se predicó un mensaje sobre los hechos que acontecieron antes, durante, y después de la crucifixión de nuestro Señor Jesucristo.

El Jueves 21, las familias de la congregación nuevamente tuvieron la oportunidad de tener Altar Familiar en sus hogares. Nuestro objetivo ministerial en este sentido es fortalecer la fe y el conocimiento de la Palabra de nuestras familias, y al mismo tiempo, levantar el nombre de Cristo en los hogares.

El Viernes 22, nos unimos con nuestros hermanos anglo-americanos para celebrar la Santa Cena, o Comunión.

El Sábado 23, presentamos en el templo la película Jesús, producida hace mas de 30 años pero que se ha traducido a mas de 130 idiomas y dialectos y usada como herramienta evangelística en prácticamente en el mundo entero. Al final de la presentación, dos personas decidieron proclamar a Jesús como su Señor y Salvador y otra más rededicó su vida al Señor.



Después de una semana donde abundó la Palabra de Dios y en la cual Cristo fue exaltado, solo faltaba celebrar con mucho entusiasmo la Resurrección de Jesús de entre los muertos, y ayer, Domingo 24, realizamos un servicio de Domingo de Resurrección con la participación de más de 80 personas, seguido de una comida la cual se compartió en un ambiente de hermandad cristiana, justo lo que el Señor hubiese esperado que hiciera un pueblo que el mismo compró con su propia sangre.